Amigos dogueros:
Traigo a colación un tema que muchos desconocen y que afecta principalmente a razas de pelo blanco y poca pigmentación, y que lamentablemente nuestro dogo no es la excepción.
Trato este caso para aquellos que alguna vez hayan pasado por lo mismo y que de alguna forma podamos ayudar con nuestra experiencia a prevenir futuros malos momentos.
Les paso a contar la historia de mi dogo Sacha, un macho de 11 años. He hecho para esto una especie de "historia clínica" fotográfica.
Todo empezó hace dos años (diciembre 2004) cuando le apareció una ulceración en un testículo. Primero pensé que era un problema de piel como a los que estaba acostumbrado cada tanto, pero lamentablemente dicha herida fué desarrollándose rápidamente y como era época de intenso calor, me lo agarró la mosca bichera(foto 1).
Cuando lo curé de la bichera y viendo que no había retorno (foto 2), decidimos hacerlo operar. Ahí se confirmó que era un tumor y que tenía otro pequeño en el interior (foto 3).
Transcurrieron unos pocos meses cuando le volvieron a salir (foto 4 y 5) y hubo que operarlo otra vez. Como era una enfermedad incurable había pensado no operarlo nuevamente y dejarlo hasta que le aguente el cuerpo y luego sacrificarlo, pero me convencieron que le diera otra oportunidad. Al poco tiempo, ¡zas!, marche nuevamente al quirófano (foto 6).
Actualmente lo tengo con otro tumor en el pene (foto 7) y estoy meditando la difícil decisión de sacrificarlo en cualquier momento. Me causa mucha pena porque es un perro maravilloso, el cual me ha dado muchas satisfacciones de cacería, de amor a la familia y me duele lo que pueda estar sufriendo. Pero por otro lado lo veo tan fuerte, con ganas de vivir, que me hace dudar. Quisiera un día levantarme a la mañana y encontrarlo muerto, antes de tener que quitarle la vida.






