Autor Tema: Relato de un Dia de Caza  (Leído 1264 veces)

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Relato de un Dia de Caza
« en: 17 de Agosto de 2008, 17:58 »
Lo encontre en una pag de Internet y me gusto y lo pongo para compartirlo con vosotros jejeje :-D


Aun faltan dos horas largas para que despunte el alba, y ya estamos aprontándonos a la tenue luz de las últimas estrellas que porfían por quedarse. Los caballos, atados a los palenques, muestran cada cual su carácter en los aprestos para las ensilladas, el zaino tranquilo, apoyado en tres patas y con una que apenas toca el suelo con el filo del vaso; el tordillo cabeceando nervioso, al presentir el freno que detesta y el tobiano, con las orejas gachas, aprontando sus mañas para resistirse a la cinchada. Los perros atados alrededor del puesto, ladran alborotados clamando por ser elegidos para la partida de esa mañana.

Infinidades de generaciones de perros cazadores plasmaron en sus genes la pasión venatoria que los convirtió en gladiadores que aman las cacerías sin importar que en ellas puedan perder la vida.

Hace días que trajinamos en busca de un viejo jabalí, que azota la estancia con sus andanzas, éste lleva decenas de ovejas muertas. El bandido a comprobado lo fácil que es matar, despanzurrándolas sin motivo, ya que solo a algunas les suele comer un bocado.

La cercanía del río es nuestro único problema, porque ya se nos escapó varias veces buscando el agua que vadea velozmente. Por esa razón realizamos una estrategia, esperando que nos dé buenos resultados: yo recorreré con un par de perros la orilla del río, en las cercanías de las pasadas del jabalí; mi compañero Sergio y el propietario del campo Don Juan Acuña irán con dos perros más a buscar el dormidero de la bestia, como lo que estamos haciendo, seguramente disparará para el río y yo así podré echarle los perros orientados por el mugido de la bestia al ser perseguida por la jauría de Sergio; lista la estrategia, montamos y siguiendo rumbos distintos nos internamos en el monte. Hielen y Tuka, dos excelentes perras, fueron elegidas por su docilidad para marchar a la vera del caballo sin dejarse entusiasmar por los rastros y olores viejos que encuentran. Tranqueamos lentamente bajo un cielo ensombrecido, mientras doy tiempo a mis perros para buscar el rastro fresco del jabalí y luego encontrar su dormidero.

Acomodándome en la silla patera del ausente Patricio, con los perros a los que incito cariñosamente para que no se aleguen; los senderos de las vacas me permiten el paso por un espeso pajonal, en busca de un atajo que conduce al río.

Ya de día me llega el viento refrescado por el agua, los perros jadeando se lanzan al agua, las patas doloridas por las ramas y espinas. Desmonto, aflojo la cincha y luego de hacerlo beber, ato a mi caballo; lentamente transcurren las horas, ya llegando el mediodía oigo nítidamente la jauría de Sergio, desplazándose hacia el monte, mis perros ya están de orejas paradas y tiesas presintiendo la acción, monto mi caballo y salimos en busca de esa jauría que seguramente a encontrado al padrillo. No me cuesta mucho imaginar a la bestia dándole batalla a los perros. Ya distingo claramente los furiosos bufidos del animal, empacado por Tango y el Roña. Mis perras salen como flechas y desaparecen en un intenso pajonal, al cabo de unos minutos, llegan con sus fuerzas intactas en apoyo de sus compañeros, al llegar a la batalla desmonto y con cuchillo en mano me acerco y veo al Tango sujetando a ese enorme padrillo de más de 200 kilos por la boca, escucho el ruido de los dientes de mi perro cundo el jabalí se los partía de un mordisco. El perro sangrante y dolorido no aflojaba su mordida, con la ayuda de sus compañeros incondicionales en la lucha, logran mantenerlo inmovilizado por unos segundos, es allí cuando nos abalanzamos con el cuchillo hacia la paleta, buscando el corazón.

En ese momento llegamos a apreciar la majestuosidad de sus defensas, que llegaban a 26 cm y su cara llena de cicatrices de otras batallas; pero para él también hubo una última vez.


Cristian Galetto
Sergio Cardoso
Ésta es la ley de la jungla, tan antigua e indiscutible como el cielo; y el lobo que la respete podrá prosperar, pero el lobo que la viole deberá morir. Porque la fuerza de la manada es el lobo, y la fuerza del lobo la manada

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Relato de un Dia de Caza
« en: 17 de Agosto de 2008, 17:58 »

 

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