Autor Tema: merece la pena recordar esas palabras  (Leído 4630 veces)

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Desconectado waypu

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merece la pena recordar esas palabras
« en: 28 de Enero de 2015, 17:10 »
 Hola amigos, en la Asociacion Española del Dogo Argentino he leido algo que me ha llegado al corazon y si no es molestia queria compartirlo con todos ustedes:


Hola, mi nombre es Tibu, así me llamaban los perreros en el monte, “Tibu, Tibu, Tibu, hay va el cochino cabrón, annnnda connn élllllllll” cuantas veces he oído en mis diez años de vida lo mismo. Yo no fui famoso, pero me sentí querido y valorado en mi pequeño mundo, esta es mi historia, como ya no estoy entre Vds. los hombres es por eso que me atrevo a contarla.

Nací hace ya mas de diez años, casi por casualidad, mi madre dicen fue una hermosa hembra de dogo a la cual trajeron sus dueños desde Europa para que conociese a mi padre. Siendo cachorrote aun oía a los hombres decir, “Carajo, se parecerá el flaco este a su padre”, no fui muy agraciado de chico, y eso me llevó a una vida dura, de milicia perruna, mucho ejercicio y poca olla, lo cual contribuyo a que a lo largo de mi vida fuera falucho.

Desde bien chico me esquivó la suerte, fui elegido por fuerte y por feo para formar parte de un grupo de agarre, recibí lecciones muy duras, mi propio padre me puso las pilas en muchas ocasiones, mi medio hermano el Mágico, tan potente y chulito me revolcó en innumerables ocasiones, y el viejo Energúmeno al que mi dueño llamaba cariñosamente chanchete de vez en cuando me clavaba los dientes en el hocico para recordarme que era el perro chico en el corral de los gallos.

Mi dueño viejo perrero me atendió solicito cuantas veces hizo falta que fueron muchas y salió en mi auxilio en otras muchas mas, pues sino, dudo hubiese llegado a adulto, así fue mi infancia, mal comida y peor vivida, una partida de cartas con la parca vestida de dogos adultos.

Mi mejor baza en este juego duro y desigual sin duda fueron mis genes, cada día que sobrevivía aumentaban mis posibilidades de tener una vida, poco a poco y casi por milagro, me planté con diez meses, mis patas eran largas y gruesas, siempre oí decir a los hombres “vaya tubos que tiene el flaco”, era alto para mi edad, el pan duro y las piltrafas me valían para mantenerme en forma, poco a poco aumentaba mi fuerza y resistencia, ya era capaz de campear duro todo el día, por esa época fue cuando mi dueño empezó a palmearme la espalda y darme caricias al final de la jornada, un buen día el viejo chanchete me tiro un buen tarascón y yo crecido por la proximidad de mi dueño me revolví revolcándolo con fiereza inusitada, casi me asuste yo mismo, había conseguido derribarlo casi sin esfuerzo, al verlo tendido no dudé en prenderlo del cuello clavando fuertemente mis largos colmillos en su cuello, aun recuerdo a mi dueño riéndose complaciente al ver al falucho sacar los pies del tiesto. Nunca más mi hermano de guerra, el viejo Energúmeno me volvió a molestar, es mas, muchas veces como fiador de la recova se jugo la vida por mi.

Ese fue el preludio de una época plagada de peleas y heridas, la vida importaba poco, mi juventud se habría paso a puro diente, ya no me doblegaba nadie si no era por las bravas, mi medio hermano Mágico me respeto a fuerza de tajos y dentelladas y mi padre un gran cazador, siempre estuvo mas por la cacería que por las peleas, así es como ingresé en una recova dura, muy dura, así me gané el derecho a ser el cuarto dogo del corral de los valientes, y aquí, en este punto es mejor que continúe mi dueño.

Bien, ahora me toca. Fui el dueño de un dogo de verdad, nunca fue demasiado hermoso por fuera, pero por dentro fue bonito, enamoraba a la gente de campo, era noble, valiente hasta morir, no daba problemas, tan solo le vio un veterinario para decirme que se moría, en su mundo nadie hablaba de perros famosos sino lo habían demostrado con sangre su valía, pero a él a mi perro, digno hijo de REVENQUE, al Tibu, Tiburón, TIBURONAZO, lo conocían todos, sus mejores perras de montería eran para él, sus hijos arrasaron los montes de media España, jabalíes, zorros y venados probaron sus dientes, al final rotos y desgastados de malvivir, pero su corazón y sus encías sujetaban como los mejores colmillos, un sinfín de fotos duras, muy duras, reposan en los cajones de casa, fotos de esas políticamente incorrectas, hechas con orgullo al final de una jornada en el monte, heridas, suciedad, cansancio y mucho agradecimiento y cariño por un animal valiente que siempre nos dio lo mejor de su ser, de su increíble esencia de dogo argentino.

Estas líneas van por ti viejo feo, con esa cara hinchada y deforme de tanto varetazo de jaras y aliagas, con lo ojos sangrando de atravesar carrascales de encina, con los labios cuarteados de puro resecos, mitad de viejo mitad de sufrimiento, con un gran tumor de próstata que te hacía mear sangre. Va por ti viejo, Tibu, Tiburón, TIBURONAZO, mi viejo perro, me enseñaste a quererte poco a poco sin pedir, solo dando, conseguiste ser especial para mi, viejo guerrero, que solo dejas el corral, que pronto os vais los valientes.

AHH! el otro día tu hija la Zalamera mató un enorme macho de Tejón de unos maizales, adiós amigo.

Desconectado claudia pereyra

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Re:merece la pena recordar esas palabras
« Respuesta #1 en: 19 de Octubre de 2015, 16:07 »
Hola amigos, en la Asociacion Española del Dogo Argentino he leido algo que me ha llegado al corazon y si no es molestia queria compartirlo con todos ustedes:


Hola, mi nombre es Tibu, así me llamaban los perreros en el monte, “Tibu, Tibu, Tibu, hay va el cochino cabrón, annnnda connn élllllllll” cuantas veces he oído en mis diez años de vida lo mismo. Yo no fui famoso, pero me sentí querido y valorado en mi pequeño mundo, esta es mi historia, como ya no estoy entre Vds. los hombres es por eso que me atrevo a contarla.

Nací hace ya mas de diez años, casi por casualidad, mi madre dicen fue una hermosa hembra de dogo a la cual trajeron sus dueños desde Europa para que conociese a mi padre. Siendo cachorrote aun oía a los hombres decir, “Carajo, se parecerá el flaco este a su padre”, no fui muy agraciado de chico, y eso me llevó a una vida dura, de milicia perruna, mucho ejercicio y poca olla, lo cual contribuyo a que a lo largo de mi vida fuera falucho.

Desde bien chico me esquivó la suerte, fui elegido por fuerte y por feo para formar parte de un grupo de agarre, recibí lecciones muy duras, mi propio padre me puso las pilas en muchas ocasiones, mi medio hermano el Mágico, tan potente y chulito me revolcó en innumerables ocasiones, y el viejo Energúmeno al que mi dueño llamaba cariñosamente chanchete de vez en cuando me clavaba los dientes en el hocico para recordarme que era el perro chico en el corral de los gallos.

Mi dueño viejo perrero me atendió solicito cuantas veces hizo falta que fueron muchas y salió en mi auxilio en otras muchas mas, pues sino, dudo hubiese llegado a adulto, así fue mi infancia, mal comida y peor vivida, una partida de cartas con la parca vestida de dogos adultos.

Mi mejor baza en este juego duro y desigual sin duda fueron mis genes, cada día que sobrevivía aumentaban mis posibilidades de tener una vida, poco a poco y casi por milagro, me planté con diez meses, mis patas eran largas y gruesas, siempre oí decir a los hombres “vaya tubos que tiene el flaco”, era alto para mi edad, el pan duro y las piltrafas me valían para mantenerme en forma, poco a poco aumentaba mi fuerza y resistencia, ya era capaz de campear duro todo el día, por esa época fue cuando mi dueño empezó a palmearme la espalda y darme caricias al final de la jornada, un buen día el viejo chanchete me tiro un buen tarascón y yo crecido por la proximidad de mi dueño me revolví revolcándolo con fiereza inusitada, casi me asuste yo mismo, había conseguido derribarlo casi sin esfuerzo, al verlo tendido no dudé en prenderlo del cuello clavando fuertemente mis largos colmillos en su cuello, aun recuerdo a mi dueño riéndose complaciente al ver al falucho sacar los pies del tiesto. Nunca más mi hermano de guerra, el viejo Energúmeno me volvió a molestar, es mas, muchas veces como fiador de la recova se jugo la vida por mi.

Ese fue el preludio de una época plagada de peleas y heridas, la vida importaba poco, mi juventud se habría paso a puro diente, ya no me doblegaba nadie si no era por las bravas, mi medio hermano Mágico me respeto a fuerza de tajos y dentelladas y mi padre un gran cazador, siempre estuvo mas por la cacería que por las peleas, así es como ingresé en una recova dura, muy dura, así me gané el derecho a ser el cuarto dogo del corral de los valientes, y aquí, en este punto es mejor que continúe mi dueño.

Bien, ahora me toca. Fui el dueño de un dogo de verdad, nunca fue demasiado hermoso por fuera, pero por dentro fue bonito, enamoraba a la gente de campo, era noble, valiente hasta morir, no daba problemas, tan solo le vio un veterinario para decirme que se moría, en su mundo nadie hablaba de perros famosos sino lo habían demostrado con sangre su valía, pero a él a mi perro, digno hijo de REVENQUE, al Tibu, Tiburón, TIBURONAZO, lo conocían todos, sus mejores perras de montería eran para él, sus hijos arrasaron los montes de media España, jabalíes, zorros y venados probaron sus dientes, al final rotos y desgastados de malvivir, pero su corazón y sus encías sujetaban como los mejores colmillos, un sinfín de fotos duras, muy duras, reposan en los cajones de casa, fotos de esas políticamente incorrectas, hechas con orgullo al final de una jornada en el monte, heridas, suciedad, cansancio y mucho agradecimiento y cariño por un animal valiente que siempre nos dio lo mejor de su ser, de su increíble esencia de dogo argentino.

Estas líneas van por ti viejo feo, con esa cara hinchada y deforme de tanto varetazo de jaras y aliagas, con lo ojos sangrando de atravesar carrascales de encina, con los labios cuarteados de puro resecos, mitad de viejo mitad de sufrimiento, con un gran tumor de próstata que te hacía mear sangre. Va por ti viejo, Tibu, Tiburón, TIBURONAZO, mi viejo perro, me enseñaste a quererte poco a poco sin pedir, solo dando, conseguiste ser especial para mi, viejo guerrero, que solo dejas el corral, que pronto os vais los valientes.

AHH! el otro día tu hija la Zalamera mató un enorme macho de Tejón de unos maizales, adiós amigo.
MUY BUENA DESCRIPCION DE LOS Q ES UN DOGO ARGENTINO. YA LLORE SUFCIENTE. GRACIAS POR EL APORTE :)

Desconectado waypu

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Re:merece la pena recordar esas palabras
« Respuesta #2 en: 27 de Octubre de 2015, 21:07 »
Esta historia es la mejor que he escuchado, la verdad esque toca fondo.

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Re:merece la pena recordar esas palabras
« Respuesta #2 en: 27 de Octubre de 2015, 21:07 »

 

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