Autor Tema: "el chirino del negro tapia"  (Leído 1359 veces)

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Desconectado martincho_70

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"el chirino del negro tapia"
« en: 14 de Diciembre de 2011, 17:45 »
estimadas y estimados,
Pido disculpas si ya fué publicado, pero quería compartir este hermoso relato que, obviamente, no es mío:


EL CHIRINO DEL NEGRO TAPIA
Para relatar la historia de este excepcional perro, me reuní para oírla de su boca con quien fue su dueño desde cachorro hasta que murió. Este fantástico Dogo perteneció a Don Carlos Tapia, era hijo de una perra de Tapia también, Cautiva de la Fortaleza o “La Roni” que a su vez era hija de un famoso Dogo de pelea que hubo en Cordoba, “El Jon de Ojeda”, el gigante del momento, al cual todos iban a ver por sus dimensiones gigantescas para la época, media 65 cm. a la cruz, orejas sin cortar, de morro marrón según cuentan, quizás por eso considerado de descarte, le fue regalado por los mismísimos Nores Martínez al Sr. Ojeda . Como Ojeda mantenía una buena relación de amistad con Don Carlos Tapia, gran cazador de nuestras sierras cordobesas con más de un centenar de pumas en su haber, y por la obsesión que Don Tapia tenia por tener un Dogo, Ojeda le regaló a la Roni, una hermosa perra dotada de una valentía fuera de serie demostrada una y otra vez en decenas de combates con pumas y jabalíes en el campo y en los picaderos. Pero la de la Roni es otra historia que creo se merece su espacio especial. Así es que de una cruza entre la Roni y el Malambo de los Toldos nace el Chirino. Ya de muy cachorro comenzaba a mostrar el instinto de presa y carácter atávico que tenia bien impreso en él. Cuenta Don Tapia que cierta vez en una prueba de campo teniendo el Chirino tan solo tres meses de edad y estando en brazos de él, mientras se realizaban los preparativos previos a largar los cachorros para que hicieran sus primeras armas con lechones, pasaba caminando un ayudante del evento alzando un chanchito que llevaba para el corral, ni bien se le cruzó por el frente de la vista al Chirino, ahí no mas el Doguito se le prendió de una oreja. En esa ocasión Tapia lo decidió probarlo con un chancho adulto. Llegando a los once meses de edad Tapia lo presento en las 5 exposiciones especializadas de la raza que se realizaron en Córdoba en el año 1978 ganando todas ellas y consagrándose cachorro del año. Conforme con esta situación, el Chirino fue destinado ya casi con exclusividad a las tareas que venia desempeñando de los 7 meses, concretamente a la caza; de muy cachorro Don Tapia comenzó a sacarlo al campo y seguramente por este motivo, sumado la buena genética que el Chirino tenía es que era como era, parecía de hierro, puro músculo compacto, de maseteros bien desarrollados, labios tirantes, una cabeza extravagante, realmente muy fuerte, de solo verlo se podía adivinar la potencia que era capaz de desplegar y media 60 cm. clavados. “Era una maquina, era grandioso, le peleaba hasta al diablo, tenia una sangre brutal”. Tenía un mordida de temer y una rapidez que le permitía alcanzar todo lo que se moviera en el campo, liebres o zorros, a los que apresaba primero, luego se sentaba recuerda Tapia y de a poco los iba mordiendo hasta que llegaba a la cabeza… y allí apretaba fuerte si señor, triturando tal como un perro de hoy tritura el alimento balanceado. Con los chanchos era implacable, “una vez se engancho en una mordida boca a boca con un chancho y le terminó quebrando los colmillos, el tipo sabia morder, era una bestia”.Otra anécdota que me cuenta Tapia que lo pinta tal como era de valeroso al Chirino, sucedió en una prueba-desafió en Mina Clavero con una puma, orgullo de su propietario, porque todos le temían ya que había puesto en fuga a diez perros, es que nunca había peleado con un Dogo de verdad como el Chirino. Ni bien lo vio, el Dogo entro como un relámpago prendiendo a la leona del pecho y haciendo que se defecara y se orinara, el dueño de la puma le pedía por favor a Tapia que sacara al Chirino para que no la terminara matando. Cierta vez se hizo una prueba con un jabalí donde el Chirino recibió un puntazo certero en el cuello que le provoco una hemorragia y hubo que trasladarlo 50 Km. hasta Villa Dolores para curarlo. Para salvarlo de desangrarse lo traían en la camioneta apretándole la garganta con las manos. Al día siguiente ya estaba nuevamente participando en una cacería famosa porque fue crónica por Radiolandia 2000. Aquí los perros hallaron un puma pero en la pelea empezaron a abandonar de a uno menos el Chirino que “no le aflojó un tranco”, Tapia lo había llevado como reserva por las dudas y al final terminó matando el Chirino solo. Me relata Tapia que el Chirino así como todos sus perros eran muy bien enseñados por él, viajaban todos juntos y nunca peleaban con otros perros. Cuando hubo un altercado en alguna de las estancias que bajaban, en muy pocos segundos el Chirino provocaba mucho daño a los perros que se atrevieran a empezar una pelea, cosa que él nunca hacia, como buen Dogo, conciente de su poder era muy seguro de si mismo y no necesitaba medirse con ninguno, “los miraba de reojo”. El Chirino tenia muy buen olfato, venteaba en alto, lo que le permitía no desorientarse con los rastros de los pumas que aseveran los entendidos se vuelve sobre sus pisadas desorientando a las perros que van con el hocico pegado al piso, por eso no se le pasaba ningún león. Además era sumamente dócil con la gente “mansito” lo que es una gran tranquilidad a la hora de salir al campo para el manejo de los perros por los compañeros de cacería.
La ultima salida.
Un frió 25 de mayo de comienzo de los 80, Carlos Tapia emprende una partida de caza a las sierras de Pampa de Achala acompañado por su amigo Peracca y dos compañeros mas, en busca de una difícil presa de hallar para cualquiera, no tanto para él: el león americano, azote de los serranos que pierden anualmente una considerable cantidad de potrillos, ovejas, cabritos y otros animales domésticos debido a los pumas. Salieron desde la estancia Las Ensenadas hasta el nacimiento del Río San Antonio. El Chirino tenía en ese momento 5 años estaba en su máximo esplendor, Tapia le ponía un collar negro para poder distinguirlo porque en esta zona a veces arriba hay nieve y es difícil distinguir al perro blanco, luego de andar toda la mañana y al cruzar por la única pasada que existe, un cañón formado por paredes de roca de mas de 100 metros de altura, los perros y Tapia escucharon el ruido de algo que se movía, ahí estaba un gran puma que advertido de los perros comenzó a subir hacia lo mas alto de la cortada dejando atrás la jauría que se perdió excepto por el Chirino y otro perro mestizo que lo seguían muy de cerca. Por la estrechez de la ladera el puma y los dos perros “parecía que caminaban” prácticamente, para no perder pisada y caer hacia una muerte segura, pero cuando el puma se le puso a tiro Chirino no se aguantó, se desesperó por alcanzarlo, algo seguramente le hervía en la sangre, el mismo impulso eléctrico que le corrió por dentro cuando de cachorro aquella vez prendió al lechón de la oreja desde los brazos de Tapia cuando tenia tres meses esta vez le jugo en contra, quiso alcanzar a ese puma, entregado a su función de cazador temerario intento saltar, perdió el equilibrio y se resbaló pobrecito, lucho por aferrarse de nuevo a las piedras del borde del precipicio arañándolas en vano, pero no lo logró, y así fue que cayó desde lo mas alto de la montaña a la vista de su amo, dueño y compañero de tantas cacerías victoriosas. Esta vez Don Tapia no podría darle la esperada palmada como premio o alguna parte que comer del trofeo obtenido, pudo verlo describiendo esos giros que al caer en el vació le partían el alma como ocurre solamente cuando uno vive estas desgracias. Bronca. La palabra le sale de adentro como un sonido gutural, la impotencia hizo que fallara los primero tiros de su fusil para abatir al león. Desde donde estaba no pudo ver el fin del mortal descenso del valiente Dogo ya que la topografía del terreno no forma ningún balcón natural que permita asomarse siquiera para ver el fondo de estos cajones. A pocos metros de donde cayó el Dogo, corre el rió San Antonio que por trechos pasa por debajo de la tierra, “que si el perro hubiera caído al agua en una de esas se salvaba” piensa don Tapia. Quiso rescatar el collar negro que usaba el chirino pero el descenso era imposible. Cuando llegaron al puma, muerto por un tiro certero de fusil, “Peracca le metió como mil patadas de la rabia”. Había perdido el mejor Dogo, “un dogazo”, todos lloraban. 4 meses después regreso al lugar y desde un mirador que encontró alcanzó a divisar entre la nieve el collar negro del Chirino desde ahí se podía ver al cuerpo del Dogo que intacto por el frió yacía como si recién hubiera caído.Por esa mala suerte que acompaña la historia de algunos grandes Dogos y como para darle firmeza al dicho ese de que “lo hicieron y rompieron el molde”, el Chirino no dejo descendencia. Tapia hoy en día continua cazando pero ha “cambiado de rubro”, por un problema de salud ahora se dedica al pecarí y al jabalí. Así me relató “El Negro Tapia” como le dicen sus amigos, la historia de su Dogo Argentino, querido por él y soñado por todos los que vemos al Dogo ideal de la misma forma que lo concibió su creador.

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"el chirino del negro tapia"
« en: 14 de Diciembre de 2011, 17:45 »

 

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